sábado, 22 de octubre de 2016

Párpados y el mal del puerco.

Al llegar al trabajo, mi jefe se sentó en mi oficina, y comenzó a platicarme cómo sería el nuevo contrato para un empleado de reingreso. Sus palabras en inglés, sonaban my lejos y sentí el batallar de mis párpados por volverse a abrir después de cada pestañeada. Mientras sus labios se movían, yo recordaba los deliciosos tacos que comí en la Normal después de que la profe Alix me revisó la planificación. Los mejores treinta pesos que he gastado en la escuela; no lo digo solo yo, me avala Enoc, quien a pesar de que dice que su mamá es la mejor cocinera del mundo, no pudo evitar pensar si deberíamos ir a almorzar allí cada sábado. Deliciosos tacos de tamaño regular y con buen sazón.

Era una confabulación entre mis párpados y él, seguramente dijeron: "Hay que darle en la madre a su trabajo, que no se concentre, que piense solo en dormir". Bastardos. El mal del puerco surgió y se apoderó de mi ser sin que yo pudiera evitarlo. El lado oscuro ganaba y en el lapso de una hora, lo único que pensaba era renunciar y dormir, no necesariamente en ese orden. No era la primera vez que el puerco se había vuelto malévolo, comenzaba con un panecillo y terminaba haciendo estragos después de un café. Imparable, indestructible, sin misericordia toma todo, destruye la ética, los buenos modales y te hace bostezar frente a tu jefe.
Qué se pude hacer para combatirlo? Me levanté justo después que mi jefe salió de la oficina y fui al baño. Vi mi rostro en el espejo y me eché agua. "Eso ayudará", al fin ya solo quedaban diez horas de jornada laboral. "Cuánto me dijo el chino que le pagara al nuevo?". Rayos! maldito mal del puerco, debe ser marcado como incapacidad laboral, una violación al código  de tránsito y un problema cuyo tratamiento sea 5 horas de reposo.

Y aquí sigo, en el trabajo, muriendo lentamente, sin descanso. Pienso en el ayer y las horas de sueño que tuve, y en el mañana, preguntándome si algún día las volveré a tener. En mi reflexión le dedico un tiempo al mal del puerco, y concluyo que tal vez no es tan malo. Con él, disfrutamos de los climas como estos, nublados, frescos, sin más tarea que entregar. El mal del puerco, es amable, solo busca nuestro placer. Nos quiere acobijar en su manto de flojera y comodidad. O quizá solo digo esto porque ya se me quitó.

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