Viernes.
Me
desperté a las 5 de la mañana. Mi bebé estaba dormido, así que sin hacer mucho
ruido me metí a bañar. El día anterior ya había hecho la maleta y preparado
todo para el viaje. Todo el año le estuve anunciando a Paco que iba a ir, y
aunque él no estaba de acuerdo, me apoyó en no molestarme cuando tenía mucha
presión para conseguir el dinero necesario para ir. Estuve lista muy rápido, y
mi esposo, que al principio se negó a llevarme al punto de reunión, accedió
diciendo que sólo me dejaría a ahí y se regresaría. Un amor de hombre. Él,
siendo mi némesis en responsabilidad, me llevó a las 6am, me despidió con un
beso y me aconsejó que me cuidara. Fui la primera en llegar a la escuela, así
que pasé y me quedé en el frío por unos momentos. Pronto comenzaron a llegar
mis compañeros, como la salida era a las 7am, fuimos por café y unos cigarros.
Frente
a la escuela esperábamos fumando mientras todos llegaban. Cuando nos dijeron
que subiéramos eran las 7:30 y la temperatura había subido. Nos subimos al
fondo del camión y salimos de la ciudad.
Fue
tranquilo a principio, como el camino se hacía lento, nos comenzó a dar hambre.
El tiempo estimado en llegar eran 6 horas de viaje, así que para pasar el rato,
jugamos entre los que íbamos atrás, un juego con canciones. Fui divertido.
Hicimos una parada en una caseta, compramos pingüinos y submarinos. Continuamos
con el viaje mientras había momentos de silencios y otros de risa. Todo iba
bien hasta que notamos que el camión bajaba la velocidad.
Aparentemente
uno de los espejos se había caído, y los choferes estaban buscándolo.
Retornamos para ver si no estaba en la carretera. Se bajaron del camión Alan y
Brandon para ayudar a buscarlo. Fue un caos. Perdimos una hora, y hasta después
nos dijeron que alguien lo había recogido, y llevado a un taller que había más
adelante.
Nos
dirigimos al taller lentamente y con precaución para pelear por nuestro espejo.
Sin él no habría manera de continuar el viaje, así que todos estábamos
nerviosos del desenlace de la situación. Cuando llegamos al taller ya estábamos
fastidiados. Ya se había demorado mucho el viaje, aún no llegábamos a la parada
de la comida. El lugar estaba polvoso y sin pavimentar. Hacía mucho aire frío,
pero el sol estaba en un cielo despejado. Después de lo que pareció otra hora,
el espejo medio quedó. Y continuamos el viaje lentamente hacia el paradero San
Pedro.
Al
llegar, me sentí perdida porque no comprendía el sistema para ordenar comida,
así que seguí a la plebe y observé cómo pedían los maestros. Comí frijoles
charros y carnitas. Me encantó la comida, aunque temía por mi estómago
delicado. Fui al baño, mirujié la tienda de recuerdos, fumé un cigarro y nos
subimos al camión.
Ya
eran más de las 2 de la tarde y faltaba una hora para Matehuala. Todo fue muy
lento.
Me
puse a leer, y ya en los últimos quince minutos en llegar, me quedé dormida. Me
despertaron abruptamente para bajar a Walmart. Ahí, estuvimos una hora,
comprando alcohol y todas las demás cosas para la cena de mañana. Como somos un
grupo muy organizado, tardamos un poco en decidir qué comprar y cuánto gastar.
El profe Arellano invitó la carne, y él y el profe Benavides iban a parte
comprando cosas para ellos.
Salimos
de la tienda y subimos todo al camión. Volvimos al camino. Ya eran las 4, todavía
faltaban dos horas y media, seguí leyendo y me dormí un rato más.
Cuando
desperté, escuché al maestro Benavides decir que nos estábamos perdiendo de lo mejor,
algo sobre los caballos, algunos matorrales, así que desperté bien, y me
levanté a ver cómo íbamos subiendo para llegar al pueblo mágico.
Había
unas curvas que resultaron muy incómodas porque el camión era muy grande, pero
al llegar a la explanada donde se estacionó, ya no parecía tan grande rodeado
de la sierra. Al bajar, la temperatura inmediatamente se sintió más baja.
Karina y Alan fueron a negociar una camioneta que nos pasara por el túnel para
llegar a Real.
Al
conseguirla, subimos todo el equipaje y nos subimos en la caja. El túnel se
sintió húmedo y algo frío. La camioneta iba rápido y el lugar era estrecho. De
nuevo temí por mi vida. Después de tres kilómetros salimos al pueblo. La
primera impresión es que es algo viejo. Algunos negocios se veían abandonados.
Había cantinas y fonditas al mayoreo. La pavimentación era horrible, porque aún
arriba de la camioneta, se sentían todos los pozos y las piedras por las que
pasamos.
Nuestro
hotel era el último de Real, casi a lado del panteón. Descargamos todo y nos
dieron nuestros cuartos. Favela y yo fuimos roomies en el cuarto llamado San
Agustín. La decoración era algo rústica, pero era suficiente para nosotras.
Contaba con dos camas matrimoniales, una salita, una tele y un baño. Desde el
primer momento supimos que nuestro cuarto sería punto de reunión. Dejamos las
cosas y fuimos por instrucciones con los maestros. Esa noche era la noche de
los relatos, teníamos que ir a la presidencia a conseguir permiso.
A
los chicos se les encomendó conseguir leña, pero todos fuimos juntos. Se compró
la leña, y fuimos a la presidencia. Me sorprendió que estuviera abierta, un
viernes de puente a las 7 de la noche, pero me advirtieron que las leyes
funcionan un poco distintas en ese lugar. Estaba abierto y los representantes
se encargaron de los permisos, mientras los demás conseguíamos alguna señal
para llamar a nuestras casas. Teníamos que pedir la plaza de todos, pero no nos
dejaron, sólo nos permitieron un espacio que está entre la plaza de toros y el
panteón.
Antes
de regresar al hotel, pedimos unas tortas y compramos de tomar. Una parte del
grupo nos fuimos a San Agustín y comimos juntos, esperando que dieran las 9
para ir a prender la fogata.
Cuando
por fin se dio la hora, me aseguré de utilizar diez mil abrigos, orejeras,
guantes, bufanda, doble calcetín, de todo. Era un frío horrible, y planeábamos
estar a la intemperie. Los chicos se encargaron de prender la fogata, todos
formamos un círculo y el primero en comenzar fue el profe Benavides. Contó una
historia interesante y de fantasía que me pareció muy bien redactada. Así,
cuando acabó, alguien más le siguió. Muchos hablaron de sucesos reales, como ya
sabía, hay muchos creyentes de fantasmas en el salón. Otros inventaron la
historia sólo con algunos datos reales, y la mayoría improvisaron. Fue
complicado porque entre más te tardabas en contarla, se perdía la atención y
los primeros que ya habían contado historias, cambiaban el ambiente con bromas
y risas.
La
última fue Mayra, después de tantas historias largas, lo que queríamos era
irnos de ese lugar helado. La fogata no había durado mucho, así que la apagaron
bien, y nos fuimos al hotel. Casi todos se fue a sus cuartos, pero mis amigos y
los profes nos quedamos en la mesita que estaba en la plaza del hotel, a
chonear y tomar cervezas. Nos quedamos hasta tarde, entre risas y tranquilidad,
hasta que nos fuimos a dormir.
Aunque
Favela le teme, yo le ofrecí mi cama a Pepe, porque en su cuarto eran tres
hombres y no querían dormir juntos o algo así. No me molestaba dormir con
Favela, y nos fuimos a dormir. Ahí donde me acosté me mantuve toda la noche
hasta la mañana siguiente.
Sábado.
La
mañana del sábado, a las 7:30am, Melissa nos despertó tocando la puerta y
gritando: “¿Tienen agua caliente?” y le contesté con un amable “¡Largo!”. Ella
seguía insistiendo “¡Chicas, la puerta está cerrada!” “–Ya sabemos! Vete!
Déjanos dormir!”. Desgraciadamente ya no pude dormir. Después de dar vueltas
por media hora, me levanté, y desperté a Favela. Pepe se había ido muy
temprano. Para bañarnos, nos dieron otro cuarto, el número 6. Le cedí la
regadera a Favela, porque es mucho más lenta que yo en todo, y en cuanto salió,
me metí a bañar.
Al
salir, ya eran las 8:40 am, nos vestimos y bajamos a la placita de hotel, en
donde el profe Benavides nos esperaba con las indicaciones del día. Nos
sentamos y comenzamos. Repartimos por equipos los temas que investigaríamos:
historias de vida, actividades económicas, leyendas, registros orales. A
nosotros nos tocó historias de vida. Nos terminamos de arreglar y decidimos
juntarnos dos equipos. El equipo de actividades económicas (Pepe, Brandon y
Enoc) y nosotros (Favela, Alan y yo).
Fuimos
a almorzar a un restaurante porque Alan y Enoc insistían que no querían una
fondita, así que nos metimos a un restaurancito y noté algo extraño: hombres
almorzando con cerveza antes de la hora del ángelus. Y yo con mi chocomilk.
Comimos lo mismo que pudimos haber comido en una fondita, pero nadie lo
mencionó. Whatever, fumamos los que fumamos, para eso de la digestión, y
caminamos para entrevistar. Se supone que íbamos a entrevistar a la mesera que
nos atendió, pero todos nos cohibimos, o pudo ser que con el hambre olvidáramos
hacerlo antes de ordenar.
Caminamos
rumbo a la entrada del pueblo y rápidamente nos encontramos con una señora
ofreciéndonos un viaje con Willys. “Ha de ser famoso el Willys ése, hay muchos
ofreciéndonos viajar con él”, pensé yo. La primera sorpresa que tuve fue saber
que un Willy es una camioneta Jeep, la segunda sorpresa es que no era una
señora, era una joven, como después nos confirmó, de 22 años. Su nombre era
Guadalupe, y aunque parecía de 35, rápidamente inicié una conversación con
ella. Le pregunté que si ella manejaba y cuánto duraban los viajes. Me contestó
orgullosamente que era la única mujer que manejaba en Real, y que es
dependiendo el tipo de recorrido que escojamos. Nos habló de su vida y su
familia; su escolaridad, sus sueños. Su padre comenzó ese negocio hace 30 años,
y ahora todos sus hermanos y ella se dedican a eso. “Alguna vez pensaste en
salir del pueblo?” “No, no, no. Aquí está mi familia y mi vida. No quiero salir
de aquí. Lo más lejos que he ido es a Matehuala, y sólo para comprar el
mandado.” Nos habló de las clases sociales, quiénes eran los que tenían más
dinero, y cómo en época de turismo, a la mayoría le iba muy bien. Mientras que
cuándo no lo era, los que más sufrían eran los artesanos.
Le
dimos las gracias, prometiéndole volver el día siguiente con nuestros
compañeros.
Seguimos
avanzando, observando los puestos y los comerciantes, cuando de pronto, se
aparecieron dos niñas, sonrientes y preguntándonos si queríamos escuchar el
corrido de Real de catorce. Nos cantaron de forma muy ensayada hablando del
pueblo mágico mientras nosotros las grabábamos. Después supimos que una de las
niñas era hija de comerciante, y la dejaban andar sola todo el día. Les dimos
algo de dinero y las gracias. Continuamos nuestro camino.
Nos
detuvimos con una simpática argentina, desenvuelta y vivaracha, llamada
Guadalupe. Su nombre, nos explicó, es poco común en Argentina, y viene aquí y
se encuentra con un montón de Lupitas. Nos mostró su artesanía y nos comentó
sus estudios, todos enfocados en Bellas artes e inconclusos. Todo era hecho por
ella y sus materias primas eran traídas de Argentina. Llegó a México por su
novio, un hombre que sonaba chilango y tenía buena vibra. Nos habló del mate,
la bebida preferida de ella y lo maravilloso que le ha parecido Real. La comida
tan simple y deliciosa, y le atraía mucho cómo la comunidad estaba unida por
Panchito.
Y
era cierto. Todo Real de catorce es seguidor de San Francisco de Asis. Su
devoción se notaba en todo el pueblo. Compré una diadema hecha por Lupita, muy
colorida y fácil de usar. Favela compró una igual, para que nos identifiquen
como “amiguis”.
Continuamos
caminando, ya comenzaba a sonar la música y todos los puestos estaban casi
listos. Ese día era la carrera de los burros y la meta ya estaba trazada. Las
calles eran angostas y llenas de piedras. La popo de los caballos era algo
común, y había gente que se encargaba de limpiarla.
Era
cerca del mediodía cuando empezamos a separarnos un poco, observando todas las
cosas que había, y no fue hasta encontrarnos con el Sr. Cristóbal que nos
reunimos de nuevo. Era un señor viejo y sucio. Con un loca pequeño y estrecho.
Entabló una rápida conversación con Pepe y Enoc, seguramente por las ideas
anarquistas y su comunismo. Para mí, todo lo que el Sr. Cristóbal dijo, era
mentira. Me sonó exagerado. Claramente fue una persona lectora, pero se veía en
decadencia y creo que necesitaba la atención que en ese momento estábamos
dándole. Nos habló de cómo ra antes el pueblo, de sus viajes a Alemania, a
Estados nidos, de sus hijos, sus exesposas, su artesanía, todavía proveniente
de la mina. Se dedicaba a pulir rocas y convertirlas en muchas cosas, collares,
pulseras, aretes, marcos, llaveros. Tardamos un buen rato ahí al menos unos 30
minutos. De repente me salía del local y observaba lo que estaba alrededor, los
puestos de dulces y juguetes. Los juguetes eran chinos, y los dulces eran de
San Juan de los Lagos. Ya comenzaba a perderse la artesanía. Compramos cajeta,
tamarindos y dulces de leche para nuestra familia y continuamos. Yo estaba
batallando para comprarle algo a mi Olives y a mi esposo. Y me dediqué a eso
todo lo que restaba del viaje.
Continuamos
caminando, y llegamos a la entrada del pueblo, donde había figuras de barro y
cerámica. Compré una salsera y encontramos una subida, en donde grabamos unas
tomas, para un proyecto que pretendemos hacer. Había partes de casas
destruidas, zapatos colgados en las farolas y el sol estaba en su punto máximo.
Quedamos de vernos en el hotel antes de las 4. Y ya teníamos hambre. Pero el
regreso era largo, y aun no habíamos ido a la iglesia.
Nos
separamos en el regreso. Brandon y Favela andaban conmigo. En el camino de
regreso encontramos a una señora vendiendo pan de nata. Le preguntamos cuánto
tiempo tenía vendiendo y dijo que toda su vida, pero que ella no era de Real
era de un rancho cercano. Y venían todos los fines, ella y su esposo, a vender
el pan. Le compramos de nata y de elote y continuamos.
Llegamos
a la iglesia, llena de gente. Entramos y era muy grande y bonita. Había muchos
de los milagritos colgados en San Francisco y estaba lleno de turistas.
Entramos a la sala de los retablos, algunos viejos y difíciles de leer, pero también habia recientes. No me
sorprendió la poca ortografía de esos retablos, y mientras tomaba fotos, íbamos
leyendo. Salimos de ese salón, y nos sentamos en las bancas. Hice una oración,
mientras grababan otra escena del proyecto en mente. Pepe fue el actor
principal. Salimos a fumar, y decidir a
dónde íbamos ahora. Compré unos milagritos para mi familia y comenzamos a bajar
rumbo al hotel.
Llegamos
a dónde habíamos comenzado. Y decidí que entrevistáramos a Yolanda, la huichol.
Estaba sentada en una orilla, con su artesanía sobre una sábana y con una
sombrilla cubriéndole el sol. Favela y yo pensamos que si observábamos su
artesanía ella se acercaría a decirnos como es y ofrecernos productos, pero no.
Para entablar una conversación con ella, tuve que subir la banqueta y sentarme
a su lado. Sentí su incomodidad pero tuve que aguantarla y empezar a
preguntarle primero cosas generales, sobre si ella lo hacía todo y cuánto se
tardaba haciendo sus manualidades, hasta que poco a poco comencé a preguntarle
cosas sobre su familia, cómo llegó, los nombres de sus hijos, dónde vivía, sus
rituales huicholes. Me sorprendió que hablara conmigo, pues decían que era poco
probable que pudieran contestarme, sin embargo, ella se prestó muy bien para mi
entrevista. Conocían Real porque venían en cada vacación a vender sus
artesanías, en Jalisco hay mucha
competencia entre huicholes, así que no vendían mucho. Se mudaron a Real desde
una sierra de Jalisco, porque su hija mayor tenía ya 7 años y no había cursado
el kínder. En Jalisco no la dejaban entrar a la primaria, pero en Real la
admitían directo, asi que por la superación de su hija, decidieron mudarse a
ese pueblo mágico.
Ella
y su esposo se dedicaban sólo a eso. Dijo que no salía tanto, pero sus hijos
comían tres veces al día y tenían zapatos, cosas de las cuales ella no gozó en
su niñez. Me sorprendió ahondarme en su vida, pues seguía preguntando y ella
seguía contestando, sin conocernos. Yo le contaba un poco de mí, y ella de
ella. Había tenido 7 hermanos, y comían una vez al día. Sus papás también se
dedicaban a eso de las artesanías, así como sus abuelos antes de ellos. La vida
e Real era tranquila, y aunque batallaron mucho para conseguir un terrenito,
por fin pudieron hacer un cuarto, en donde decía ella, “Dormimos todos amontonados,
pero baja un techo”. Tenían que ir a un pozo todos los días a traer agua y
contaban con una parrilla y un tanque pequeño con gas. Le pregunté seriamente
si deseaba que sus hijos se dedicaran a lo que ella hacía. Y me dijo que lo que
ellos quisieran está bien. “Todos saben hacer artesanías, pero si pueden ser
más en la vida, sería mejor.”
Seguimos
platicando sobre sus rituales y sobre el peyote, de cómo sólo lo comían en
festividades huicholes y de cómo los demás pobladores tenían prohibido usarlo,
hasta que noté que Favela, quien estaba hablando con dos niños más abajo, me
dio una mirada de cansancio. Me despedí de Yolanda, alabando su trabajo, y nos
dirigimos al hotel.
Eran
cerca de las 3 de la tarde cuando por fin llegamos al hotel, en donde encontramos
al profe Arellano haciendo quesadillas y sacando una salsa borracha que no duró
nada. Nos quedamos platicando un rato, fumando, tomando, mientras el profe
Arellano asaba carne. Decidimos que nos faltaba ir a ver el panteón.
Descansamos un poco en el cuarto, y retomamos fuerza para dirigirnos al
panteón, que estaba al otro lado del pueblo. Como no estaba lejos del hotel,
íbamos cansados pero más relajados, tomamos fotos y pronto llegamos a la
iglesia qu se encuentra dentro del panteón. Guadalupe, la de los Willys, nos
recomendó que hablaramos con Don Alejandro, el señor que cuida ahí, asi que
cuando preguntamos por él, el sñor Alejandro se sintió orgulloso y comenzó a
platicarnos cuánto tiempo llevaba trbajando en ese lugar. Nos llevó a un lugar
que no estaba a la vista de los turists, y sólo se lo mostraba si preguntabas
por ella:era na caja de la caridad. Esta caja es donde cargaban a los muertos,
a todos los muertos que no podían pagar su féretro. Tenía más de 100 años y
estaba casi completa, pero muy deteriorada. La mantenían en un cuarto, que
solía ser del Padre, pero que al mudarse a la otra iglesia del centro, se quedó
sólo para la caja. Observamos la iglesia y cómo dentro de ella, había tumbas,
pues estaban separadas para quienes podían estar más ceca del altar. No todos
podían pagar ese lujo, pero para pasar a la iglesia, pisabas almenos 10 tumbas,
lo cual freaks me out. Nos despedimos y
nos dirigimos al hotel de nuevo.
Al
llegar, nos sentamos en la mesita de la plaza dentro de donde nos hospedamos. Comíamos
papitas y hablábamos de lo que encontramos, iba saliendo la carne. Aun no
estaban todos, pero los que estábamos, comimos para aplacar todo el hambre y
cansancio que teníamos. Cuando por fin llegaron todos, nos reunimos en la
mesita y el profe Benavides comenzó a preguntarnos cómo nos fue. Todos hablamos
de qué fue lo que encontramos, nuestras historias, a quienes entrevistamos.
Todos recorrimos gran terreno, unos por otros lados y todos conocimos a
diferentes personas. Se dio por visto todo, y decidimos que el día siguiente
recabaríamos lo que nos faltaba.
Después
sólo nos dedicamos a convivir. Tomamos y comimos por un buen rato. Decidimos ir
al bar que estaba frente al hotel, asi que nos fuimos a descansar un rato y a
las 9 fuimos a ver cómo estaba el bar. Estaba llenísimo. Hacía un frío horrible
también. Con toda la lentitud del mundo nos fuimos a otro bar que estaba en el
centro del pueblo, lo cual lamenté mucho. Estaba muerta de tanto subir y bajar
esas horribles calles. Mis zapatos eran de suela delgada y sentía todas las
piedras. No tenía condición, y Alan, que se volvió más fumador en ese viaje, me
incitaba a fumar cada que salimos. Pero por fin llegamos al bar. Me agradó el
ambiente, pero la planta baja estaba llena, por lo que subimos a la azotea.
Sólo tomábamos unos pocos asi que el ambiente no fue tan ameno.
Nos
regresamos pronto al hotel, y nos separamos. Alan y Brandon llegaron al bar,
pero Favela, Pepe, Enoc, Gaby y Karina llegamos a nuestro cuarto, San Agustín,
el punto de llegada de todos. Jugamos “Yo nunca nunca” con una botella de
whiskey y pues, no hace falta mencionar todo, pero cuando fuimos al bar,
después de las 11:30pm, algunos de nosotros ya íbamos algo entrados. Aunque
realmente esperaba embriagarme más, pues era la única noche libre que he tenido
en años, un evento en el bar hizo que se me bajara rápido el alcohol que había
tomado. Así que, aunque fue divertido, duró poco.
Sin
detalles, fuimos a dar de nuevo a San Agustín, dónde comenzó otro evento de la
noche algo fuera de lugar. Eran cerca de las 3:30am cuando me quedé dormida, y
desperté en el cuarto con Enoc durmiendo en la cama, y Favela con cruda.
Domingo.
Me
desperté a las 9 y mientras me bañaba en San Agustín, Enoc se fue a su cuarto y
Favela seguía dormida. Me cambié y comencé a arreglar mi maleta. Mi ropa del
día anterior olía a humo y a culpa. Preparé mi maleta y mientras Favs se
bañaba, comencé a limpiar el cuarto. Muchas latas y basura de la noche anterior
alían mientras barría y guardaba cosas. Tendí mi cama, y después de eso, dejé a
mi compañera arreglándose y me fui con los chicos, a comentar lo que había
pasado la noche anterior. En el cuarto de Pepe platicamos del caos y los
chismes por un rato.
Alrededor
de las 10:30am recibimos instrucciones de regresar al hotel a las 11:45, porque
el camioncito salía a las 12pm, para llevarnos al camión de la normal, que
salía a la 1pm. Nos desesperaos al esperar a Maribel, a quien definitivamente
la cruda la llevaba pésima en humor y en su salud. Fuimos a buscar algo de
comer porque andábamos lentos, el tiempo era oro y yo aún no compraba nada para
Paco. Caminamos hacia el centro y todo estaba lleno. Iba a haber un festival y
todo estaba repleto de turistas. Por fin encontramos una fondita y una mesa con
ubicación horrible, justo a lado de donde todos tomaban agua y en el sol. Ya
con las prisas no nos importó tanto, pero Favela, que se sentía mal, pidió su
comida para llevar y se fue al hotel. Seguimos chismeando de lo sucedido la
noche anterior y después de devorar nuestras gorditas, nos dirigimos a un local
de recuerditos, donde compré rápidamente a Paco una media taza.
Regresamos
al hotel a la carrera, para comenzar a acarrear las maletas al lobby, donde los
maestros ya nos esperaban. Dos personas se debían encargar de encontrar una
camioneta, pero para ser honesta, no me dí cuenta de cómo sucedió eso, yo sólo
supe cuando ya estábamos arriba, y nos despedíamos de Real dentro de la caja de
la Pick up que nos llevaba. La regresada en esa camioneta fue la muerte. Las
subidas eran muy altas y nosotros muy pesados. Pedí por mi vida al menos tres
veces en ese transcurso, y al llegar al túnel, pedí para que mi vida terminara
por la fila que tuvimos que hacer para cruzar.
Cuando
por fin cruzamos tuvimos otra sorpresa de parte de los choferes. No había nadie
en el camión, y necesitábamos esperar una hora y media a que llegaran. En ese
transcurso tuvimos una sesión de fotos lo cual no estuvo tan mal. Al divisar a
los encargados del autobús, regresamos a él, y nos subimos para partir.
La regresada fue tranquila. Paramos en dos lugares
antes de llegar a la normal, nos bajábamos a fumar y comprar cualquier
chuchería. Escuchamos música y cantamos. El camión iba despacio por toda la
niebla que había, así que a la escuela llegamos a las 9pm. Antes de bajar, el
maestro Benavides dijo unas palabras que explicaban para qué había servido el viaje. Nos bajamos
y nos deseamos suerte en las prácticas que teníamos esa semana.
Estrella Luna.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario