viernes, 30 de septiembre de 2016

Tabaco rojo.

Tic tic tic… Alguien tocaba el vidrio de la ventana en la casa de la abuela, una viejita cascarrabias que vivía a las afueras de la ciudad. Se había mudado hace tiempo, después de que sus hijos la repudiaran y sus antiguos vecinos la acusaran con el municipio, todo por la cantidad de esrulpays que tenía. Sus bebés, decía ella. Entrada en la edad, su joroba hacía que se viera más bajita de lo que era. Los ojos azules, pero nublados por los rencores y años de tristeza, aún se dejaban ver detrás de sus gafas con armazón dorado. Su vecino más cercano era Conejo, un señor amable que solía llevarle frutas, no tan seguido, pues tenía muchos nietos, pero entablaban conversaciones amigables. La abuelita, a pesar de estar siempre molesta con el mundo, aún tenía un buen corazón, y los viejos modales de la old school.
Tic tic tic… Volvió a sonar. La abuelita, que estaba sentada acariciando un esrulpay, se molestó: -Otra vez esos condenados shiggos. ¡No me interesa cambiar mis creencias! – gritó desde su mecedora – Aunque ya es noche para que ande un shiggo por aquí - pensó, y con cautela, se levantó de su asiento, dejó su esrulpay en un sillón y tomó su revólver. No era uno de la nueva generación, éste no tenía mira láser, ni silenciador incluido. Era de su generación, con pólvora y balas de plata, porque en esos lugares, abundaban las escorias. Caminó sigilosamente, y esperando encontrar lo peor, le quitó el seguro a su arma. Abrió la cortina de golpe, y vio dos siluetas en la oscuridad. Pateó la puerta y justo antes de reconocerlas gritó:  - ¡Mueran bastardoooos!
-¡Abuela contrólate! ¡Soy yo!- habló una joven alta, pelirroja y un hoodie color rojo. Venía acompañada de un lobo fornido, vestido con pantalón caqui y camisa de cuadros, también cubierto por un hoodie pero azul oscuro. Sólo la chica fumaba un cigarrillo. –¿Vas a dejarnos entrar o qué?

Hacía un frío potente, probablemente por el alejamiento de la tercera luna que afectaba la capa de ozono. Había silencio en la sala, sólo se encontraban los visitantes y la abuela. La chica roja y la anciana fumaban su segundo cigarrillo, sin decir nada, dejando que el humo llenara las incomodidades. El lobo, que no hacía más que mirar el fuego en la chimenea, dijo las primeras palabras: -Aquí no nos atraparán.
-Cállate Lobo, debemos pelear, no escondernos-Dijo la Roja.
-Yo no sé a qué vinieron aquí. La Odishe los busca y a todos sus demás amigos descarriados. Yo tengo una vida tranquila y me defiendo sola. Tú, Roja, tu mamá estaría decepcionada de verte así, vagabundeando con este fenómeno, conspirando y perdiéndote de esa manera.
-¿No puedes hablar en serio verdad?- en tono desafiante- Tú fuiste de las primeras en fundar La Condor, por ti hemos avanzado tanto en este régimen. No podemos darnos por vencidos ahora, que estamos tan cerca de derrocarlos.
-La Odishe tiene más armas, más soldados ¡son más inteligentes que ustedes! Unos niños que ni siquiera han probado el verdadero tequila.
-Luchamos por eso Abuela, aquí no hay libertad, y para vivir en paz hay que alejarse de las metrópolis, cómo tú. Puedes ayudarnos o no, pero no nos sermonees sobre lo que está bien o mal sólo porque tú perdiste tu fe.
Antes de poder contestar, la abuela y Lobo voltearon rápidamente a la puerta.
-Hay alguien afuera-susurró Lobo
-Alguien los siguió. Rápido escóndanse en la parte de atrás, hay una nevera, enciérrense y no abran a menos que sea yo.
Roja y Lobo fueron a la parte de atrás y se metieron donde Abuela les dijo. Era una nevera rectangular, adaptada para poder respirar, seguramente de la vida pasada de la anciana. Los dos quedaban de frente mientras eran aislados de los ruidos de de la casa.

La abuela escuchaba los sonidos de afuera, precavida. Toc toc toc. La puerta. Con su revólver en mano, esperó unos segundos y abrió la puerta lentamente.
-Cuánto tiempo sin vernos, Dora- Un ciborg con voz profunda, alto e imponente estaba en la puerta con dos soldados de La Odishe.
-Hunter…-Sorprendida dijo la abuela.-Creí que habías muerto.
-Sí… Lo estaba. Pero lo maravilloso de ser un ser superior es que me actualizo.
¿Dónde están Dora? Sé que los tienes porque eres la única conexión con Roja. Y quién mejor para pedirle consejos que su abuela, la antigua condorista.
-Eso fue hace mucho Hunter, ya no estoy en esos círculos, ni tampoco lo está mi nieta.
-Por favor Dora, a quién engañas, sé muy bien que Roja está aquí. Un contacto nos avisó de eso. Y ya sabes que mis contactos nunca fallan.- Hunter se paseaba por la sala, y mientras señalaba las colillas de cigarro encontradas cerca de la chimenea, sonreía plácidamente con sus dientes de lata. Su rostro era parte humano y parte robot. Se notaban las cicatrices en donde solía estar uno de sus ojos, ahora robótico. Hunter y Dora tenían un pasado juntos, una historia que sólo ellos sabían ahora, pero sus caminos e separaron al igual que sus ideales.
-Así que La Odishe te hizo más tonto de lo que eras.
-Me hizo ver la realidad. Vamos Dora, no puedes con esto. No luches con el sistema, sólo dime donde están, y te dejaré sola, en esto que llamas vida.

-Escuchas algo-preguntó Roja a Lobo.
-No- contestó, mientras admiraba de cerca a la muchacha. Siempre se había sentido atraído por ella, y estaba seguro que ella lo sabía, pero era una chica ruda y parecía no querer nada con nadie. Él sólo la miraba de cerca, la protegía, aunque siempre parecía que ella lo cuidaba a él.-Roja…-susurró- Alguna vez has pensado que, cuando todo esto termine, tal vez tú y yo…
-Shhh. No lo digas Lobo, ya sabes que yo no busco nada serio. Tú eres de los que ven a futuro, y yo vivo el presente.
-Qué tal si fuera de los que viven el presente-dijo, acercándose a ella cada vez más
-Pero no lo eres. Y yo no puedo darte más que un momento.
-Es todo lo que quiero- Terminando sus últimas palabras en sus labios. La besó. Fue como si la energía de ella y de él se fusionaran volviéndose infinito… Hasta que ella lo alejó bruscamente.
-¡No ahora Lobo! ¡Dios! Mi abuela puede estar muerta y tú quieres hacer esto. ¡Siente el momento! Rayos!
-De acuerdo- dijo Lobo, dijo apenado y excitado.
-Iré a ver a mi Abuela.

Roja salió de la nevera. Y lo siguiente no se lo esperaba.
-Lamento que pienses así.- Dijo Lobo mientras ponía una CRR4 en su cabeza.
-¿Ya la tienes Lobo?- gritaba Hunter desde la sala.
-Sí Hache. Aquí está.-Mientras le señala con la cabeza que avance.
-Eres un desgraciado Lobo. Cobarde ¡Traidor!
-Lo siento niña, pero me supieron llegar al precio.

-Muy bien. –Dijo Hunter. En la sala, se encontraba una abuelita golpeada y torturada, pero viva. –Te dije que mis contactos no fallan. Recuerda que en todos lados tengo a alguien. No pueden luchar conmigo- dijo a las dos parientes- ni con La Odishe. El dictador estará muy complacido de nuestra captura. A tu nieta la torturaran tanto que deseará nunca haber ido por el camino corto de aquél día.
-Hice bien en mantener los planes lejos de ti Lobo, siempre te me hiciste marica para estas jugadas.-Volteando a Hunter- Jamás revelaré nada- y escupió a los pies del ciborg.
-¡Llévensela! – Ordenó a los soldados.-Yo me encargo de Dora.
La abuela, de rodillas y mirando al suelo empezó a murmurar – Fue mi osado de tu parte venir a mi casa sin más refuerzos. Hay algo que se te olvida de mí Hache- Volteó sonriendo la abuela- Yo también sigo con contactos.
De la nada salió Conejo y unos 10 condoristas más, todos con CH55 y CRR4, apuntando directamente a Hunter, a los soldados y al Lobo.
-Ahora, suelta a mi nieta, sucia bestia.-Y antes de que Lobo pudiera hacer algo, la anciana le voló los sesos estruendosamente con su revólver de la vieja escuela.
Conejo se deshizo de los soldados rápida y limpiamente. Fue muy militarizado. No parecía ese anciano que le llevaba frutas.
-Tengo tu espalda Dora- dijo Conejo- todo por La Condor.
-Gracias amigo.
-Quieres que hagamos algo con éste- Señalando a Hunter.
-Nada, de él me encargo yo.
-Muy bien muchachos, ¡vámonos! ¡Qué bueno verte Rojita! ¡Juntos con La Condor!
-Gracias Conejo- dijo Roja, aún en shock por todo lo que acababa de pasar.
La abuela le dio un golpe a Hunter y se desmayó.-No quiero hablar contigo aún, escoria.
-Abuela.. cómo…¿Aún estás en contacto con La Condor?
-Es muy largo de explicar Roja, y estoy cansada.
Ya no había nadie en la casa, Hunter desmayado y amarrado. Sólo quedaban ellas dos. Y decidieron no hablar. Por un buen rato fumaron y tomaron, celebrando que seguían vivas, pero en silencio. Solas con el tabaco y sus pensamientos de rebelión.

FIN