Tic
tic tic… Alguien tocaba el vidrio de la ventana en la casa de la abuela, una
viejita cascarrabias que vivía a las afueras de la ciudad. Se había mudado hace
tiempo, después de que sus hijos la repudiaran y sus antiguos vecinos la
acusaran con el municipio, todo por la cantidad de esrulpays que tenía. Sus
bebés, decía ella. Entrada en la edad, su joroba hacía que se viera más bajita
de lo que era. Los ojos azules, pero nublados por los rencores y años de
tristeza, aún se dejaban ver detrás de sus gafas con armazón dorado. Su vecino
más cercano era Conejo, un señor amable que solía llevarle frutas, no tan
seguido, pues tenía muchos nietos, pero entablaban conversaciones amigables. La
abuelita, a pesar de estar siempre molesta con el mundo, aún tenía un buen
corazón, y los viejos modales de la old school.
Tic tic tic… Volvió a sonar.
La abuelita, que estaba sentada acariciando un esrulpay, se molestó: -Otra
vez esos condenados shiggos. ¡No me interesa cambiar mis creencias! – gritó
desde su mecedora – Aunque ya es noche para que ande un shiggo por aquí - pensó,
y con cautela, se levantó de su asiento, dejó su esrulpay en un sillón y tomó
su revólver. No era uno de la nueva generación, éste no tenía mira láser, ni
silenciador incluido. Era de su generación, con pólvora y balas de plata, porque
en esos lugares, abundaban las escorias. Caminó sigilosamente, y esperando
encontrar lo peor, le quitó el seguro a su arma. Abrió la cortina de golpe, y vio
dos siluetas en la oscuridad. Pateó la puerta y justo antes de reconocerlas
gritó: - ¡Mueran bastardoooos!
-¡Abuela
contrólate! ¡Soy yo!- habló una joven alta, pelirroja y un hoodie color rojo.
Venía acompañada de un lobo fornido, vestido con pantalón caqui y camisa de cuadros,
también cubierto por un hoodie pero azul oscuro. Sólo la chica fumaba un
cigarrillo. –¿Vas a dejarnos entrar o qué?
Hacía
un frío potente, probablemente por el alejamiento de la tercera luna que
afectaba la capa de ozono. Había silencio en la sala, sólo se encontraban los
visitantes y la abuela. La chica roja y la anciana fumaban su segundo
cigarrillo, sin decir nada, dejando que el humo llenara las incomodidades. El
lobo, que no hacía más que mirar el fuego en la chimenea, dijo las primeras
palabras: -Aquí no nos atraparán.
-Cállate
Lobo, debemos pelear, no escondernos-Dijo la Roja.
-Yo
no sé a qué vinieron aquí. La Odishe los busca y a todos sus demás amigos
descarriados. Yo tengo una vida tranquila y me defiendo sola. Tú, Roja, tu mamá
estaría decepcionada de verte así, vagabundeando con este fenómeno, conspirando
y perdiéndote de esa manera.
-¿No
puedes hablar en serio verdad?- en tono desafiante- Tú fuiste de las primeras
en fundar La Condor, por ti hemos avanzado tanto en este régimen. No podemos
darnos por vencidos ahora, que estamos tan cerca de derrocarlos.
-La
Odishe tiene más armas, más soldados ¡son más inteligentes que ustedes! Unos
niños que ni siquiera han probado el verdadero tequila.
-Luchamos
por eso Abuela, aquí no hay libertad, y para vivir en paz hay que alejarse de
las metrópolis, cómo tú. Puedes ayudarnos o no, pero no nos sermonees sobre lo
que está bien o mal sólo porque tú perdiste tu fe.
Antes
de poder contestar, la abuela y Lobo voltearon rápidamente a la puerta.
-Hay
alguien afuera-susurró Lobo
-Alguien
los siguió. Rápido escóndanse en la parte de atrás, hay una nevera, enciérrense
y no abran a menos que sea yo.
Roja
y Lobo fueron a la parte de atrás y se metieron donde Abuela les dijo. Era una
nevera rectangular, adaptada para poder respirar, seguramente de la vida pasada
de la anciana. Los dos quedaban de frente mientras eran aislados de los ruidos
de de la casa.
La
abuela escuchaba los sonidos de afuera, precavida. Toc toc toc. La puerta. Con
su revólver en mano, esperó unos segundos y abrió la puerta lentamente.
-Cuánto
tiempo sin vernos, Dora- Un ciborg con voz profunda, alto e imponente estaba en
la puerta con dos soldados de La Odishe.
-Hunter…-Sorprendida
dijo la abuela.-Creí que habías muerto.
-Sí…
Lo estaba. Pero lo maravilloso de ser un ser superior es que me actualizo.
¿Dónde
están Dora? Sé que los tienes porque eres la única conexión con Roja. Y quién
mejor para pedirle consejos que su abuela, la antigua condorista.
-Eso
fue hace mucho Hunter, ya no estoy en esos círculos, ni tampoco lo está mi
nieta.
-Por
favor Dora, a quién engañas, sé muy bien que Roja está aquí. Un contacto nos
avisó de eso. Y ya sabes que mis contactos nunca fallan.- Hunter se paseaba por
la sala, y mientras señalaba las colillas de cigarro encontradas cerca de la
chimenea, sonreía plácidamente con sus dientes de lata. Su rostro era parte
humano y parte robot. Se notaban las cicatrices en donde solía estar uno de sus
ojos, ahora robótico. Hunter y Dora tenían un pasado juntos, una historia que
sólo ellos sabían ahora, pero sus caminos e separaron al igual que sus ideales.
-Así
que La Odishe te hizo más tonto de lo que eras.
-Me
hizo ver la realidad. Vamos Dora, no puedes con esto. No luches con el sistema,
sólo dime donde están, y te dejaré sola, en esto que llamas vida.
-Escuchas
algo-preguntó Roja a Lobo.
-No-
contestó, mientras admiraba de cerca a la muchacha. Siempre se había sentido
atraído por ella, y estaba seguro que ella lo sabía, pero era una chica ruda y
parecía no querer nada con nadie. Él sólo la miraba de cerca, la protegía,
aunque siempre parecía que ella lo cuidaba a él.-Roja…-susurró- Alguna vez has
pensado que, cuando todo esto termine, tal vez tú y yo…
-Shhh.
No lo digas Lobo, ya sabes que yo no busco nada serio. Tú eres de los que ven a
futuro, y yo vivo el presente.
-Qué
tal si fuera de los que viven el presente-dijo, acercándose a ella cada vez más
-Pero
no lo eres. Y yo no puedo darte más que un momento.
-Es
todo lo que quiero- Terminando sus últimas palabras en sus labios. La besó. Fue
como si la energía de ella y de él se fusionaran volviéndose infinito… Hasta
que ella lo alejó bruscamente.
-¡No
ahora Lobo! ¡Dios! Mi abuela puede estar muerta y tú quieres hacer esto. ¡Siente
el momento! Rayos!
-De
acuerdo- dijo Lobo, dijo apenado y excitado.
-Iré
a ver a mi Abuela.
Roja
salió de la nevera. Y lo siguiente no se lo esperaba.
-Lamento
que pienses así.- Dijo Lobo mientras ponía una CRR4 en su cabeza.
-¿Ya
la tienes Lobo?- gritaba Hunter desde la sala.
-Sí
Hache. Aquí está.-Mientras le señala con la cabeza que avance.
-Eres
un desgraciado Lobo. Cobarde ¡Traidor!
-Lo
siento niña, pero me supieron llegar al precio.
-Muy
bien. –Dijo Hunter. En la sala, se encontraba una abuelita golpeada y
torturada, pero viva. –Te dije que mis contactos no fallan. Recuerda que en
todos lados tengo a alguien. No pueden luchar conmigo- dijo a las dos
parientes- ni con La Odishe. El dictador estará muy complacido de nuestra
captura. A tu nieta la torturaran tanto que deseará nunca haber ido por el
camino corto de aquél día.
-Hice
bien en mantener los planes lejos de ti Lobo, siempre te me hiciste marica para
estas jugadas.-Volteando a Hunter- Jamás revelaré nada- y escupió a los pies
del ciborg.
-¡Llévensela!
– Ordenó a los soldados.-Yo me encargo de Dora.
La
abuela, de rodillas y mirando al suelo empezó a murmurar – Fue mi osado de tu
parte venir a mi casa sin más refuerzos. Hay algo que se te olvida de mí Hache-
Volteó sonriendo la abuela- Yo también sigo con contactos.
De
la nada salió Conejo y unos 10 condoristas más, todos con CH55 y CRR4,
apuntando directamente a Hunter, a los soldados y al Lobo.
-Ahora,
suelta a mi nieta, sucia bestia.-Y antes de que Lobo pudiera hacer algo, la
anciana le voló los sesos estruendosamente con su revólver de la vieja escuela.
Conejo
se deshizo de los soldados rápida y limpiamente. Fue muy militarizado. No
parecía ese anciano que le llevaba frutas.
-Tengo
tu espalda Dora- dijo Conejo- todo por La Condor.
-Gracias
amigo.
-Quieres
que hagamos algo con éste- Señalando a Hunter.
-Nada,
de él me encargo yo.
-Muy
bien muchachos, ¡vámonos! ¡Qué bueno verte Rojita! ¡Juntos con La Condor!
-Gracias
Conejo- dijo Roja, aún en shock por todo lo que acababa de pasar.
La
abuela le dio un golpe a Hunter y se desmayó.-No quiero hablar contigo aún,
escoria.
-Abuela..
cómo…¿Aún estás en contacto con La Condor?
-Es
muy largo de explicar Roja, y estoy cansada.
Ya
no había nadie en la casa, Hunter desmayado y amarrado. Sólo quedaban ellas
dos. Y decidieron no hablar. Por un buen rato fumaron y tomaron, celebrando que
seguían vivas, pero en silencio. Solas con el tabaco y sus pensamientos de
rebelión.
FIN